Mundial

Surazo

(*) Juan José Toro Montoya

Estamos en la postrimería de un mundial de fútbol que trajo desagradables sorpresas a los sudamericanos.

Si es cierto que ese deporte es, de una u otra manera, el reflejo de los países en los que se practica, el hecho de que ninguna selección del subcontinente haya pasado a cuartos de final debería dar pie a una reflexión colectiva.

Pero… ¿cómo se puede reflexionar cuando el nivel de discusión en nuestros países es apenas superficial? Un claro ejemplo es Bolivia, cuya selección se encuentra en los niveles más bajos de la clasificación de la FIFA, donde, durante los primeros días del mundial, la polémica se centró más en el estilo de narración de algunos relatores deportivos que en lo que estaba ocurriendo en Rusia.

Y, para ser autocríticos, al público boliviano no le faltaba razón para quejarse porque, después de todo, la mayoría de los periodistas deportivos que relatan los partidos se limitan a acompañar las acciones con comentarios intrascendentes.

Si una de las funciones del periodismo es educar, los relatores de partidos deberían aprovechar el inmenso público que tienen para difundir datos como, por ejemplo, la actualidad de los países intervinientes, idioma, extensión, sus sistemas de gobierno… en fin… todo aquel que busque encontrará abundante información para transmitir.

A mí me llamó la atención, por ejemplo, que el Reino Unido no tenga una selección como tal y que solo esté representada por la selección de Inglaterra que es apenas una de sus cuatro naciones constituyentes (las otras son Escocia, Gales e Irlanda del Norte). Para saberlo, tuve que recurrir a mis contactos en Facebook ya que ningún periodista deportivo habló del asunto.

Francia también es un fenómeno digno de análisis. Al igual que la selección que ganó el mundial de 1998, la de este año es una muestra de la diversidad étnica de un país al que solemos imaginar como un territorio de rubios de piel clara. Los que revolucionaron el fútbol francés, y lograron lo que Napoleón no pudo, son descendientes de africanos, árabes y caribeños. Se trata de un hecho para reflexionar sobre los beneficios de las migraciones, hoy combatidas criminalmente por Donald Trump, pero los “deportólogos” tampoco hablan de eso.

Pero… ¿cómo explicamos que los sudamericanos no hayan llegado a las instancias finales de este torneo? Entre las muchas respuestas está la educación, que es determinante para el desarrollo de las naciones.

Los hinchas de Senegal y Japón sorprendieron al mundo por limpiar sus tribunas al terminar los partidos y la selección japonesa dio el mayor ejemplo de ética y espíritu deportivo cuando sus jugadores dejaron limpios sus camarines luego del partido en el que fueron eliminados por Bélgica. Solo dejaron un papel, uno en el que se leía la palabra “gracias” escrita en ruso.

Los sudamericanos, en cambio, dejamos una pésima impresión en este mundial por actitudes como el machismo y la misoginia que en países más civilizados ya son consideradas antisociales. Ahí están los casos de los argentinos, brasileños y colombianos que hicieron repetir frases soeces a mujeres rusas, aprovechando que estas no hablaban español ni portugués, o el de los peruanos que obligaron a una a retratarse con ellos.

En lugar de hablar de esos y otros temas vinculados a las selecciones participantes en los torneos, los que informan del que se disputa en Rusia prefieren polemizar sobre el tiempo que Neymar estuvo en el césped quejándose de sus (supuestas) lesiones. Y eso se convirtió en tendencia mundial.

(*) Es Premio Nacional en Historia dle Periodismo