Potosí vuelve a lucir su PLATA

Un orgullo boliviano para el turismo

Por Juan José Toro

“Dicen que hasta las herraduras de los caballos eran de plata en la época del auge de la ciudad de Potosí”.

Lo puso así, sin eufemismos, el multipremiado periodista y escritor Eduardo Galeano en su celebrada “Las venas abiertas de América Latina”.

“De plata eran los altares de las iglesias y las alas de los querubines en las procesiones”.

Y es que las procesiones son algo así como la especialidad de Potosí.

Para el siglo XVII, cuando la Villa Imperial era prácticamente el centro económico del planeta, los potosinos no solo habían conseguido su autonomía de Chuquisaca, a la que estaban empalmados desde el surgimiento de su ciudad, sino que ya tenían patronos, templos y suficiente plata como para lucirla.

Una procesión era considerada la más importante, la de Corpus Christi. La ciudad apenas tenía cinco años de existencia cuando, según el historiador Arturo Leytón, ya tuvo su primera gran conmemoración a la eucaristía. “La primera vez que fue celebrada la festividad de Corpus Christi en Potosí en el año 1550 fue en la iglesia de Nuestra Señora de la Anunciación (hoy San Lorenzo de los Carangas) cuando esta oficiaba de ‘iglesia mayor’ y primera de españoles”, dice.

VIRGEN DE PLATA

Y para 1555, las cosas se hicieron oficiales. Ese año, Potosí celebró por triple partida ya que, pagos en plata mediante, consiguió que la Iglesia Católica reconociera como a sus patronos al Santísimo Sacramento del Altar —el cuerpo de Cristo—, al apóstol Santiago y a la Virgen de la Concepción.

Bartolomé Arzans de Orsúa y Vela relata con detalle esas celebraciones en su “Historia de la Villa Imperial de Potosí…”:

“Iban por delante 15 compañías de indios con sus capitanes ricamente vestidos a su usanza, con arcos y flechas, espadas de chunta y otras maderas fuertes todas plateadas, dardos, hondas, macanas, y aquellas armas a manera de cimitarras que usaban los capitanes de sus ingas; toda esta variedad de indianas armas iban unas doradas, plateadas otras, y otras vistosamente coloreadas”.

Como se ve, los indios ricos —los “wayradores” y yanaconas que controlaban la producción de minerales en los primeros años de Potosí— se lucieron en esa procesión porque utilizaron armas y objetos plateados y quizás algunos labrados en plata pura. Llama la atención que los españoles, que participaron en igual o mayor número, no hayan utilizado ese metal. Arzans dice que “los españoles minadores y otros mandantes de las poderosas minas del cerro, (estaban) vestidos todos de tela blanca guarnecidos con puntas de oro” y que “a este acompañamiento seguía el gremio de los dueños de minas y demás interesados en las labores del rico Cerro, vestidos a lo cortesano con ricas joyas y cadenas de oro en los pechos” pero no parece que hayan lucido objetos de plata.

En cambio, las imágenes fueron paseadas cubiertas de joyas. Así, Santiago iba “sobre unas riquísimas andas cubiertas de piedras preciosas y perlas” mientras que la Virgen exhibía la riqueza argentífera. “Luego iba un carro triunfal dorado, y encima el Cerro de Potosí de plata fina, en cuyo remate estaba la imagen de María Santísima, en el misterio de su concepción, formada del mismo metal. Tiraban este carro 20 mancebos indios vestidos de tela azul, sembrados de estrellas de plata y guirnaldas de flores en sus cabezas”.

ARCOS DE PLATA

El “carro triunfal dorado” es el antecedente más remoto de los cargamentos de plata que salen a las calles potosinas en fiestas patronales como la de San Juan de Dios.

Actualmente, automóviles medianos son cubiertos por aguayos, o a veces con alfombras, tules o terciopelo, que luego son adornados con los más variados objetos de plata, desde bandejas hasta imágenes de arcángeles o máscaras de diablos o de morenos.

Los cargamentos son armados por familias que tienen objetos de plata que pasan en generación en generación. Cuando llega una fiesta patronal que incluye exhibición de platería, son “rodeados”; es decir, reciben invitación a participar, generalmente junto a bandejas de repostería y bebida. Se procede de la misma forma para los arcos de plata que se arman a lo largo del trayecto por donde pasarán los cargamentos.

Los arcos también tienen su antecedente en la procesión de 1555 descrita por Arzans: “Trasladáronse innumerables árboles y ramas frondosas de los valles vecinos y lejanos para los arcos y enramados con que se cubrieron las calles. Formáronse en diferentes sitios 12 arcos triunfales con grande variedad de adornos que prolijamente cuentan en sus historias (Antonio de) Acosta y (Juan) Pasquier”.

CALLES DE PLATA

Mientras duró el auge de la plata, Potosí tuvo opulentas procesiones, con ostentación de platería, y llegó al extremo de adoquinar sus calles con el argentífero metal. “En 1658, para la celebración del Corpus Christi, las calles de la ciudad fueron desempedradas, desde la matriz hasta la iglesia de Recoletos, y totalmente cubiertas con barras de plata”, escribió Galeano.

Para esos años, Potosí no solo había conseguido su autonomía de Chuquisaca —que, por razones obvias, se llamaba La Plata— sino también otros privilegios merced a los pagos que hacían sus mineros. Uno de ellos fue la autorización para sacar en procesión al Santísimo Sacramento del Altar que, además de ella, solo tienen Roma y Sevilla. “El Papa Inocencio XI concedió a favor de la Villa Imperial de Potosí el privilegio de sacar en andas la sagrada custodia en la procesión de Corpus Christi —dice Leytón—. Por este hecho, los azogueros, órdenes religiosas y acaudalados comerciantes enviaron una fuerte suma en monedas de plata a Roma”.

Este detalle no es insignificante. El Santísimo Sacramento del Altar, representado generalmente por una hostia, no es una imagen así que no puede salir en procesión como otras representaciones materiales. Para hacerlo, es necesaria una autorización especial y, en Bolivia, la única ciudad que la tiene es Potosí.

“Como consecuencia de esta concesión, se sabe que el año 1683 tuvo lugar en la Villa Imperial una de las procesiones de Corpus Christi más costosas, en a que se gastaron más de 30.000 pesos de plata”, prosigue Leytón quien, confirmando los datos de Galeano, añade que “el trayecto de la procesión fue pavimentado con barras de plata a cargo de los azogueros y ricos mineros del Cerro Rico”.

Y MÁS PLATA

Este año ya se vivió la fiesta de San Juan de Dios que tuvo su epicentro en el templo de San Lorenzo de los Carangas, alrededor del cual se armó arcos de plata y circularon los cargamentos con adornos de ese metal.

Con motivo del aniversario de la ciudad, la Alcaldía de Potosí ha convocado a las “familias de plata”; es decir, a aquellas que tienen objetos que fueron pasando de generación en generación, a participar en el primer concurso de cargamentos de platería que se realizará el próximo 4 de abril en el centro histórico. Entre las familias convocadas están Careaga, Gumiel, Mamani, Macías, Nina, Téllez, Urdininea y otras que generalmente adornan vehículos o preparan arcos cubiertos con objetos de plata. Dos son las categorías convocadas, cargamentos y arcos, y los premios serán los galardones “Vale un Potosí” que son escudos de plata, bronce y cobre que serán entregados a quienes ocupen los primeros lugares.

El 31 de mayo, fecha prevista este año para el Corpus Christi, habrá otra procesión, esta con connotaciones religiosas en la que, empero, volverá a lucirse la plata potosina, esa que, según Galeano, “levantó templos y palacios, monasterios y garitos, ofreció motivo a la tragedia y a la fiesta, derramó la sangre y el vino, encendió la codicia y desató el despilfarro y la aventura”.

Patrimonio de Potosí

El 14 de septiembre de 2017, el alcalde Williams Cervantes promulgó la Ley Municipal No. 145 que declara a la festividad de Corpus Christi “patrimonio histórico, cultural y religioso” del municipio de Potosí.

En su artículo segundo, esa norma señala que “la festividad de Corpus Christi en la ciudad de Potosí representa el acontecimiento más importante en América del Sur, Ciudad de México en América del Norte, Sevilla en España y Roma en Italia son las únicas ciudades en el mundo católico que tienen el privilegio de efectuar esta solemne celebración” y “la Iglesia Católica de Potosí tiene el privilegio de llevar en procesión solemne el Santísimo Sacramento en andas en un templete de plata y celebrar la octava de Corpus Christi con eucaristías diarias de una de la tarde”.

Por ello, la Dirección de Turismo de la Alcaldía está empeñada en reforzar las conmemoraciones de este año en las que se pretende recuperar el esplendor de tiempos coloniales. Eso incluye a los cargamentos y arcos de plata, además de otros elementos que hacen a la identidad potosina como la música barroca.

Arzáns refiere que en 1555 “adornáronse todas las calles con espejos, láminas, pinturas de santos y varias colgaduras. Cubrióse el suelo por todo el espacio que había de andar la procesión de ricas mantas de lana y algodón que dieron los indios afectuosamente, y de más de 30 y 40 leguas trajo su devoción en breves días infinidad de varias flores y yerbas olorosas para cubrir aquellas alfombras para que la natural hermosura del campo supliese la falta que hicieron las manos en su obra”.

Será difícil volver a pavimentar de plata las calles por donde pasará la procesión pero, como en años anteriores, los colegios armarán, por trayectos, réplicas de las alfombras de flores que eran extendidas en tiempos coloniales.

Indios y españoles

En las descripciones de Arzans llaman la atención el trato que se otorgaban recíprocamente los españoles e indios que vivían en Potosí.

En 1555, por ejemplo, con motivo de la procesión triple —dedicada al Santísimo Sacramento del Altar, a Santiago y a la Virgen de la Concepción—, fueron armados “30 altares, los 15 formados a costa y cuidado de los españoles, y los otros 15 al de los indios”.

Como se ve, los derechos y obligaciones eran repartidos por igual pero, a la hora de pasar por las calles, detrás y en medio de las imágenes, quienes más deslumbraron fueron los indios:

“Luego se seguía un acompañamiento imitando el que tenía los monarcas ingas en su corte, el cual iba compuesto de la nobleza indiana que en esta Villa asistía. Serían estos más de 200 hombres vestidos a su uso, aunque eran las camisetas y mantas de ricas sedas, y traína por su orden todas las insignias reales, en unas hamacas de finas mantas de algodón, las cuales eran el llautu y la borla (que era la corona de aquellos poderosos monarcas) las arracadas, chaquiras, pomares y licras (que eran unas máscaras de cabezas de león, que formadas de oro finísimo se ponían en los hombres, rodillas y empeines) el arco, carcaj y flechas, hondas, el chambe, y el cuadrado escudo, con otras insignias y armas reales.

“Luego con toda majestad venían de dos en dos todos los monarcas ingas hasta el poderoso Atahuallpa, con aquel su excelente traje, llevando cada uno una chacha de cera en la mano.

“Detrás de este remedo de monarcas iban muchas y varias naciones de toda esta América Meridional, 12 mancebos de cada una, con diversos trajes en el modo de vestir pero iguales en el género, pintados los rostros, pies y manos con varios colores (uso propio de estos naturales) que más causaban horror que alegría.

“Luego se seguían diversas danzas en cuadrillas de indios mancebos, con varias representaciones, trajes y cantiñas a su modo, que la misma variedad deleitaba la vista al innumerable conjunto que asistía a ver esta procesión.

“Tras de este numeroso acompañamiento (en que según don Antonio de Acosta y don Juan Pasquier pasaban de 3.000 indios) iban en dos hileras 50 españoles vestidos a lo cortesano, con hachas de cera de a tres libras, siendo los últimos de las hileras cuatro caballeros del hábito de Santiago, que fueron dos Francisco de Figueroa, el capitán don Antonio Idiáquez, don Esteban Castaldo y don Luis Dávila Brocheroa”.