Primer grito

Surazo

(*) Juan José Toro

Sucre es mi segundo hogar. Hace dos décadas me recibió en la calle Arenales, donde entonces funcionaba el diario Correo del Sur, y me acogió durante poco más de tres años. Fue el tiempo en el que aprendí a amar a la Ciudad de los Cuatro Nombres y a entender, y respaldar, su reclamo justiciero de la capitalidad plena.

Sin embargo, mi cariño por esa ciudad nunca aplacó mis dudas respecto a la insistencia en llamar “primer grito libertario de América” al indudablemente importante alzamiento del 25 de Mayo de 1809. Y las dudas surgieron a partir de datos tan básicos como los alzamientos de los Katari y José Gabriel Condorcanqui, en 1780, y la de Julián Apaza, en 1781, que, como se ve, son anteriores en casi 30 años.

En 2008, cuando hice el estudio que me valió el Premio Nacional en Historia del Periodismo, encontré sublevaciones anteriores y algunas tan conocidas como las de Alonso Yáñez (Potosí, 1612);Juan de Vega y Antonio Gallardo, “el Philinco” (La Paz, 1661); Alejo Calatayud (Cochabamba, 1730) y Juan Vélez de Córdoba (Oruro, 1739). Incluso hubo una birregional, la de 1595, que estalló en La Plata (Sucre) y Potosí con Gonzalo Luis de Cabrera y Juan Díaz Ortiz, respectivamente.

Pero también me encontré con la sublevación de Manco Inca que no solo fue planificada para expulsar a los españoles y reconstituir el Tawantinsuyu sino que se preparó con anticipación y tuvo el efecto de tener sitiados al Cusco y Lima durante más de un año. Al no conseguir su objetivo primigenio, Manco y su ejército se replegaron a Vitcos y de ahí pasaron a Vilcabamba donde se constituyó un territorio independiente de la dominación española que duró 35 años, hasta 1572, cuando su último gobernante, Tupac Amaru I, fue derrotado, preso y decapitado por órdenes del virrey Francisco de Toledo. Todos estos hechos aparecen en crónicas coloniales como las de Francisco López de Gómara (1552) y Agustín de Zárate (1555), entre otros.

La historia de Manco Inca y la resistencia de Vilcabamba es fascinante pero es más estudiada por los investigadores peruanos como Juan José Vega y José Antonio del Busto. Los bolivianos de ahora se refieren escasamente a ella aunque en el siglo XVIII, el cronista mayor de Potosí, Bartolomé Arzans, incluyó el episodio en su monumental “Historia de la Villa Imperial…” (1705-1736).

Que los bolivianos no le hayan dado demasiada importancia a Manco inca puede deberse a que, hasta hace unos 20 años, se creía que nació en el Cusco así que se lo consideraba peruano. Vega, sin embargo, encendió luces al respecto porque publicó que “fue en unos ‘aposentos de los reyes Inca’, ubicados cerca de los soberbios templos y palacios de Tiahuanacu, donde nació Manco Inca, quien con el correr de los años habría de convertirse, gracias a sus hazañas, en el americano más importante de su época, al lograr contener por un tiempo el proceso de expansión europea sobre el continente, cual ninguno de los demás caudillos indígenas americanos”. Si se acepta esa versión, Manco habría nacido en el Kollasuyo, hoy Bolivia.

Vega y Del Busto fijaron, con exactitud, la fecha del alzamiento de Manco Inca, 3 de mayo de 1536. El día fue elegido porque es el de la Chakana o cruz andina, cuando la Cruz del Sur se yergue en el hemisferio sur.

El alzamiento del 25 de Mayo de 1809, ocurrido 273 años después, fue muy importante pero, como se ve, no fue el primero que proclamó libertad. Quiero y respeto a Sucre pero, en mi trabajo, estoy obligado a exhibir aquello que considero verdad.

 

(*) Juan José Toro es Premio Nacional en Historia del Periodismo.