Bodas reales

Surazo

Fueron cuando menos llamativos —por no utilizar otro término— el interés y el espacio que le dieron algunos medios de comunicación social a una boda que, aparentemente, no tiene nada que ver con Bolivia, la de Meghan Markle y Enrique de Gales.

A propósito de ello, lancé una provocación en Facebook y obtuve muy buenos resultados. Publiqué que una boda más importante, para Bolivia, fue la de Beatriz Clara Coya y Martín García de Loyola y algunos de mis contactos agregaron valiosos datos al respecto.

Claro que ese matrimonio no es reciente. Ocurrió en el siglo XVI pero sus efectos son dignos de estudio. Bajo el molde occidentalizado, la novia tenía rango de princesa porque era hija de Sayri Túpac, hijo, a su vez, de Manco Inca que fue uno de los hijos legítimos de HuaynaCapac. El novio, en cambio, no tenía títulos nobiliarios pero sí bastante poder porque provenía del mayorazgo de Oñaz y Loyola y era sobrino nieto de San Ignacio de Loyola, el fundador de la Compañía de Jesús.

¿Cuál fue la importancia de esa boda? Estuvo directamente vinculada a la derrota, captura y ejecución de Tupaj Amaru I que significó la caída definitiva del Tawantinsuyu, 40 años después de la masacre de Cajamarca y 36 años luego de la sublevación de Manco Inca que significó la instauración de un territorio independiente en Vilcabamba. Algunos historiadores lo llaman “el Estado neoinca de Vilcabamba” y fue, mientras duró, el mayor escollo para la dominación española. La derrota militar; es decir, la de Tupaj Amaru I, estuvo vinculada a la económica: al mismo tiempo de desmoronar la más importante resistencia en territorio americano, el virrey Francisco de Toledo implantó un sistema de explotación de la plata que dejó de lado la tecnología indígena que se usaba hasta entonces. La plata, como imaginarán los lectores, era la potosina, aquella que cambió totalmente la historia de la invasión española y puso los cimientos para la revolución industrial. El vínculo de García de Loyola con los jesuitas no es nada desdeñable si se toma en cuenta el papel que cumplió esa orden, junto a los dominicos, en la extirpación de idolatrías en territorio andino.

El historiador Gustavo Morales Méndez, que tiene próximo a publicar el libro “Pizarro, conquistador o embustero”, agregó que Toledo “ofrece a la hija de SayriTupaj, a la ñusta Beatriz, heredera de las riquezas de su padre, como trofeo en matrimonio para quien capturase al Inca, incluidas todas sus encomiendas y riquezas”. Quien logró derrotar y prender a Tupaj Amaru I, que era tío de Beatriz, fue García de Loyola. Otro de sus premios por su “hazaña” fue el corregimiento de Potosí, cargo que ejerció entre 1579 y 1581.

Pero hay más. El investigador Álvaro Erick Bejarano Zárate mencionó el matrimonio entre el rey qaraqaraUchatuma con una hija de HuaynaCapac, PaykuChimpu, que posibilitó el control de los incas sobre las minas de Porco y Andacaba.Qaraqara es el nombre de la cultura que floreció en gran parte del territorio hoy potosino antes de la expansión de los inkas. Abarcaba las actuales provincias de Chayanta, Tomás Frías, Saavedra, Quijarro y Linares del Departamento de Potosí, además de parte de los valles mesotermales de los Chichas y Cinti y los occidentales de Chuquisaca. Muchas de sus poblaciones subsistían en torno al Cerro Rico de Potosí cuando llegaron los españoles.

Como se ve, hay muchas bodas reales que podrían ocupar a los periodistas, si es que investigan, y, dependiendo de cuánto de nuevo se encuentre en ellas, pueden convertirse en material publicable y de interés para los bolivianos.

 

 

 

 

(*) Juan José Toro es Premio Nacional en Historia del Periodismo.