Pacto no nuclear y seguridad

Cumbre Trump-Kim Jong-un

En su cumbre histórica en Singapur con Donald Trump, Kim Jong-un se ha comprometido este martes a la «completa desnuclearización de la Península Coreana», pero sin dar fechas concretas. A cambio, el presidente de Estados Unidos le ha prometido garantías de seguridad a Corea del Norte, lo que significa que no intentará derrocar su régimen, uno de los más represivos del mundo, si se desprende de sus armas atómicas.

Así consta en el comunicado que ambos han firmado tras su encuentro, celebrado durante casi cinco horas en el lujoso hotel Capella de la blindada isla de Sentosa. «El presidente Trump y el presidente Kim Jong-un han mantenido un completo, profundo y sincero intercambio de opiniones sobre los asuntos relacionados con el establecimiento de nuevas relaciones entre EE.UU. y la República Popular Democrática de Corea (RPDC) y la construcción de un régimen de paz duradero y robusto en la Península Coreana», reza la declaración conjunta, que ambos firmaron ante el restringido grupo de periodistas autorizado a seguir el encuentro. Mientras Trump «se ha comprometido a proporcionar garantías de seguridad a la RPDC, el presidente Kim Jong-un ha reafirmado su compromiso firme e inamovible con la completa desnuclearización de la Península Coreana».

Además, ambos han abogado por «superar décadas de tensiones y hostilidades entre los dos países y por la apertura de un nuevo futuro». Pero no hicieron mención alguna a las sanciones internacionales que todavía pesan sobre Corea del Norte, que Trump anunció que seguirán vigentes hasta que empiece el proceso de desnuclearización. Para implementar este acuerdo, el secretario de Estado norteamericano, Mike Pompeo, llevará a cabo «negociaciones de seguimiento» con las autoridades de Pyongyang «tan pronto como sea posible».

Aunque la declaración suscrita no es más que un acuerdo de mínimos sin obligaciones concretas, la mera reunión de los mandatarios de EE.UU. y Corea del Norte ya supone un éxito porque es la primera de su historia. Tras décadas de constante tensión militar, el régimen comunista de Pyongyang y la Casa Blanca abren una nueva era de entendimiento que pretende cerrar el último conflicto que queda de la Guerra Fría. Pero se trata solo del principio de un largo y difícil proceso que, como en acuerdos anteriores, podría acabar en nada.

Al menos, en esta ocasión se han reunido cara a cara los dirigentes de ambos países, que han mostrado una curiosa sintonía en un ambiente distendido. Con un apretón de manos, ambos se han saludado a las nueve de la mañana (tres de la madrugada, hora peninsular española) en la puerta del Hotel Capella, decorada con banderas de los dos países. A continuación, se han dirigido a una sala donde han mantenido la primera de sus dos reuniones, solo con sus traductores. Para la segunda, se han rodeado de sus respectivas delegaciones.

Además de almorzar juntos, Trump y Kim Jong-un han paseado sonrientes por los jardines del hotel. «Ha sido una reunión fantástica, ha ido mejor de lo que nadie podía haber pensado», aseguró el presidente estadounidense, quien incluso enseñó a Kim Jong-un su limusina oficial, el Cadillac apodado «La Bestia». Por su parte, Kim Jong-un señaló durante la firma del comunicado que se trataba de «un documento para dejar atrás el pasado» y que «el mundo verá un gran cambio».

Tras esta jornada histórica, Trump y Kim Jong-un se despidieron en el mismo lugar donde se habían encontrado, abriendo un nuevo capítulo en las relaciones entre EE.UU. y Corea del Norte.

(ABC)